*(cómico)
Un día mama llegó llorando a casa sosteniendo el aliento y, también,
una carta.
- - ¿Qué pasa?, pregunta el niño.
- - Tu hermana, Luisa, está enferma. Y no hay quien la pueda cuidar, yo estoy muy vieja para ir hasta su casa, decía sollozando mamá.
- - Descuida, YO iré. No te preocupes, aseveró él.
La mañana siguiente, mamá preparo una canasta con
muchos alimentos y medicinas naturales para su hija enferma.
- - Escúchame Daniel, allá en el bosque debes de tener mucho cuidado, sobre todo no olvides tomar el camino corto. Procura no hablar con extraños y cuídate de…, lo alertaba mama.
- - No te preocupes, no me va a pasar nada. Chau mamá, se despidió Daniel.
Caperucito conocía bien el bosque, lo suficiente como para
no perderse, pero durante el camino y por tanto estar escuchando PARAMORE con
su Mp3, olvidó algunas cosas que mama le había dicho.
- - ¿Te has perdido?, le preguntó una voz algo ronca, pero femenina.
- - No. Solo no recuerdo lo último que me dijo mi mama, reflexionaba el niño.
- - Y, se puede saber adónde vas
- - A casa de mi hermana que está enferma, pero no debería hablar con usted, señorita de peculiar voz y lazo en su oreja.
- - Descuida. Yo no hago daño.
¡Mentira! Era la loba feroz. Ella estuvo persiguiendo al niño
desde que salió de casa. Tenía mucha hambre y, por ello, no perdería la
oportunidad de comérselo todititito.
- - Está bien señorita loba. Bueno debo irme.
- - Espera por qué tomas el camino corto. No seas monce, ve por el camino largo. Ahí te divertirás, decía la loba.
- - No puedo. Tengo que llevarle las medicinas a mi hermana.
- - ¿A tu hermana? – pensaba la loba – entonces te cae a pelo ir por el camino largo, en la entrada una combi asesina te estará esperando.
- - ¿En serio?
- - Por supuesto, estoy SEGURA que sí.
- - Bueno está bien, gracias.
Cuando caperucito se fue por el camino largo, la loba feroz
aprovecho en tomarse un Red Bull e irse con sus alas a la casa de la hermana.
La puerta de la casa estaba abierta. La loba, sorpresivamente,
tomo a Luisa y la sentó para que se idiotizara con Bob esponja.
Luego se vistió rápidamente con las prendas de Luisa
y se metió al sobre, digo a la cama. Cinco minutos después llegó Caperucito
Daniel.
- - ¿Hermana? Tu puerta está abierta.
- - Descuida, aquí en Lima nadie roba
- - Bueno si tú dices. Aquí te traigo tus medi… Asu! Oye que fueron con tus ojos. Tan pequeños.
- - Es que me he delineado para que me veas mejor.
- - Y por qué tienes esa lazo rosa en tu oreja
- - Es para que me sostenga el cerquillo, corazón
- - Y por qué tienes la boca tan confusa
- - ¿Ah?
- - Disculpa, estaba filosofando.
- - ¡Arroz! Oe sabes que… Soy la loba, más pavo eres. Así que yaya no te pongas a correr ni nada para comerte.
El niño corrió por toda la casa y
vio a su hermana que estaba toda idiotizada con Bob. La loba lo tomo de sus brazos, lo miro a sus
ojos y le dijo: Ya fuiste.
Cuando se lo iba a tragar, el niño,
astutamente, le empieza a decir que sus ansias de comer personas se debían a
todos aquellos sentimientos REPRIMIDOS que tenía. La loba quedo consternada,
pero lo escucho atentamente.
Después de una breve charla (3
horas – casi un sermón) La loba termino por quedar hipnotizada sobre lo que aconsejaba Daniel. Tanto fue así que permitió que Luisa deje de ver Bob y
Daniel pueda cuidarla.
Caperucito, aunque no confiaba en
la loba feroz, sabía que muy dentro de ella algo no estaba bien y sin querer queriendo la ayudó.
Qué bueno que Yo, el leñador, solo
fui espectador y no tuve que moler a nadie hachazos. Mucha sangre pues. Además,
manya que me dieron mi gaseosa y mis piqueos.
Más bien ahora si ya me voy, porque
Hanssel y Gretel tan que causan destrozos en casa de la bruja. Fácil y por ahí me
jalo un chocolate para navidad. Nos vemos en otro cuento.

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