20 diciembre 2011

EL CAPERUCITO DANIEL Y LA LOBA FEROZ (PARA NIN@S)



*(cómico)

Érase una vez un niño llamado caperucito Daniel que vivía con su mamá en el bosque junto a un rió. Ambos trabajaban desde muy temprano recolectando frutas del huerto para que luego Daniel las venda en el pueblo.

Un día mama llegó llorando a casa sosteniendo el aliento y, también, una carta.

  • -          ¿Qué pasa?, pregunta el niño.
  • -          Tu hermana, Luisa, está enferma. Y no hay quien la pueda cuidar, yo estoy muy vieja para ir hasta su casa, decía sollozando mamá.
  • -           Descuida, YO iré. No te preocupes, aseveró él.

La mañana siguiente, mamá preparo una canasta con muchos alimentos y medicinas naturales para su hija enferma.

  • -          Escúchame Daniel, allá en el bosque debes de tener mucho cuidado, sobre todo no olvides tomar el camino corto. Procura no hablar con extraños y cuídate de…, lo alertaba mama.
  • -          No te preocupes, no me va a pasar nada. Chau mamá, se despidió Daniel.

Caperucito conocía bien el bosque, lo suficiente como para no perderse, pero durante el camino y por tanto estar escuchando PARAMORE con su Mp3, olvidó algunas cosas que mama le había dicho.

  • -          ¿Te has perdido?, le preguntó una voz algo ronca, pero femenina.
  • -          No. Solo no recuerdo lo último que me dijo mi mama, reflexionaba el niño.
  • -          Y, se puede saber adónde vas
  • -          A casa de mi hermana que está enferma, pero no debería hablar con usted, señorita de peculiar voz y lazo en su oreja.
  • -          Descuida. Yo no hago daño.

¡Mentira! Era la loba feroz. Ella estuvo persiguiendo al niño desde que salió de casa. Tenía mucha hambre y, por ello, no perdería la oportunidad de comérselo todititito.

  • -          Está bien señorita loba. Bueno debo irme.
  • -          Espera por qué tomas el camino corto. No seas monce, ve por el camino largo. Ahí te divertirás, decía la loba.
  • -          No puedo. Tengo que llevarle las medicinas a mi hermana.
  • -          ¿A tu hermana? – pensaba la loba – entonces te cae a pelo ir por el camino largo, en la entrada una combi asesina te estará esperando.
  • -          ¿En serio?
  • -          Por supuesto, estoy SEGURA que sí.
  • -          Bueno está bien, gracias.

Cuando caperucito se fue por el camino largo, la loba feroz aprovecho en tomarse un Red Bull e irse con sus alas a la casa de la hermana.

La puerta de la casa estaba abierta. La loba, sorpresivamente, tomo a Luisa y la sentó para que se idiotizara con Bob esponja.

Luego se vistió rápidamente con las prendas de Luisa y se metió al sobre, digo a la cama. Cinco minutos después llegó Caperucito Daniel.

  • -          ¿Hermana? Tu puerta está abierta.
  • -          Descuida, aquí en Lima nadie roba
  • -          Bueno si tú dices. Aquí te traigo tus medi… Asu! Oye que fueron con tus ojos. Tan pequeños.
  • -          Es que me he delineado para que me veas mejor.
  • -          Y por qué tienes esa lazo rosa en tu oreja
  • -          Es para que me sostenga el cerquillo, corazón
  • -          Y por qué tienes la boca tan confusa
  • -          ¿Ah?
  • -          Disculpa, estaba filosofando.
  • -          ¡Arroz! Oe sabes que… Soy la loba, más pavo eres. Así que yaya no te pongas a correr ni nada para comerte.

El niño corrió por toda la casa y vio a su hermana que estaba toda idiotizada con Bob.  La loba lo tomo de sus brazos, lo miro a sus ojos y le dijo: Ya fuiste.

Cuando se lo iba a tragar, el niño, astutamente, le empieza a decir que sus ansias de comer personas se debían a todos aquellos sentimientos REPRIMIDOS que tenía. La loba quedo consternada, pero lo escucho atentamente.

Después de una breve charla (3 horas – casi un sermón) La loba termino por quedar hipnotizada sobre lo que aconsejaba Daniel. Tanto fue así que permitió que Luisa deje de ver Bob y Daniel pueda cuidarla.

Caperucito, aunque no confiaba en la loba feroz, sabía que muy dentro de ella algo  no estaba bien y sin querer queriendo la ayudó.

Qué bueno que Yo, el leñador, solo fui espectador y no tuve que moler a nadie hachazos. Mucha sangre pues. Además, manya que me dieron mi gaseosa y mis piqueos.

Más bien ahora si ya me voy, porque Hanssel y Gretel tan que causan destrozos en casa de la bruja. Fácil y por ahí me jalo un chocolate para navidad. Nos vemos en otro cuento.

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