16 diciembre 2011

PLAYING GOD (Adios)


Cómo puedes describir el día en el que finalmente te diste cuenta que el que pudo ser y tener todo de ti, simplemente con un ‘chau que te vaya bien’, se esfume de la escena.

Sucedió un Viernes 16, Luna estaba sentada en el sofá de una fuente de soda, esperando a ese joven que hace mucho tiempo le robo más que el corazón sino la vida misma. Estaba bastante nerviosa, miraba a todos lados, presentía que llegaría pronto.

Tomo su celular y busco el juego más ridículo que contenía para distraerse por lo menos media hora, al parecer obtuvo el puntaje máximo de tanto jugar. Luna no dejo tomar su cabello, ensortijarlo entre sus dedos y morderse los labios de los nervios.

Finalmente, Rafael apareció. Ella evitó alzar su mirada y mientras trataba de pararse, sentía que él la observaba. Y entonces a donde nos vamos a conversar, preguntó Rafael. No lo sé, y si caminamos, contestó Luna. Después de mirar toda la fuente de soda encontraron el lugar perfecto: Un parque de Lince.
El silencio embargo gran parte del viaje y el espacio fue protagonista entre ambos. Pero qué podía mantener a Luna tan nerviosa y avergonzada.

Dicen que todos cometemos errores, pues Luna era caserita de los errores. Uno último  fue la detonante para perder lo que pensaba mejorar: Su relación.

Rafael empezó a confesarse, en tanto ella mirada a los niños jugar. El no tuvo reparos en desenvainar su corazón y decirle las cosas tal cual las pensaba y sentía. Una gran característica que siempre amo Luna de él.

Ella no pronunciaba ninguna palabra, hasta el momento en el que Rafael le exigió que lo hiciera. Luna se sentía pésima por aquella equivocación, pero se sentía decepcionada de saber que siempre sí había sido  correspondida por él hace unos meses, cuando en su momento el declaro no serlo.

Nunca fingí, exhorto él. Con el ceño fruncido y el corazón estrujado, Luna no podía balancear todo lo que  su mente abordaba.  Por qué lo hiciste, nunca me lo dijiste, me permitiste amar a otra persona que no fueras tú, me dejaste ir, por qué, por qué era lo que quería gritar, sin embargo lo reservo todo para ella misma.

Quería gritarle lo idiota que había sido, porque dejo que una vez más encerrara ese pedacito de dulzura que gustosamente hubiera compartido con él , ya que ahora se le hacía difícil demostrarlo.

Nada en ese momento era claro, ambos se habían causado tanto daño y solo sobrevivían o vivían de una relación que desde un principio nunca estuvo bien cimentada de confianza.

Apostaría que esa sería su última conversación, aunque el piense que no. Y como es una costumbre de él, siempre se va y se esfuma de la escena diciendo “esto no es un adiós”, dejándola a ella junto a su espíritu que no la abandona aun.

A Luna  no le quedó más que sonreír y decirle ‘Adiós’. Sí, adiós, porque ella sabe que a pesar de haber sido el único que la pudo entender a cabalidad, comprendió que no era justo que lo mantuviera a su lado. 'Un nosotros' suena lejano para ella, porque tiene que olvidarlo.
Y dejo en ese parque de Lince algo que él nunca supo. El cofre de su corazón, que siempre le perteneció.

Terminada esta historia, terminado este año, terminado este romance. Es que a veces ‘jugar a ser Dios’ no es siempre un buen consejo, verdad?

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